Mostrando entradas con la etiqueta "Holocausto" comic. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta "Holocausto" comic. Mostrar todas las entradas

sábado, 15 de noviembre de 2014

Stalags : Porno y campos de concentración nazis en Israel





 Los Stalags, novelas de consumo baratas que tuvieron muchísimo éxito en Israel durante los años sesenta, en especial durante el juicio de Eichmann, el nazi cazado por los servicios secretos israelitas. El argumento de estas novelas consistía generalmente de una descripción morbosa y fantasiosa de torturas realizadas en un campo de concentración nazi a oficiales británicos o americanos. Esto no sería tan raro si tenemos en cuenta que son mujeres alemanas, nazis, las que efectuaban las torturas de índole sádico-sexual. Generalmente el argumento se resolvía con la liberación o escape de dicho oficial u oficiales y la venganza de la humillación mediante la devolución de la violación a la oficial aria, cruel y super-sexy con su esvástica y sus botas altas de cuero. Cuesta creerlo pero esto es un hecho histórico.


El documental explora las motivaciones psico-sociológicas subyacentes a este fenómeno.

Obviamente se encuentra el hecho del trauma de los supervivientes de la Shoah y cómo lo vivieron los hijos de estos supervivientes, adolescentes en los años sesenta en Israel. De fondo se encuentra los complejos culpa interiorizados por las víctimas: la principal es la idea generalizada de que sólo los más fuertes, amorales, bellos, viles y colaborativos con el enemigo consiguieron sobrevivir al infierno concentracionario. El segundo es que muchas de las mujeres supervivientes, en especial las más jóvenes y fértiles, las madres de los adolescentes de los años sesenta de Israel, habían sufrido abusos sexuales a cambio de mantener la vida o algún tipo de ventaja -abrigo, comida, "mejores" trabajos o condiciones de habitabilidad o higiene-. Esto era un tabú del que no se hablaba en las familias y con el que crecieron los hijos del Holocausto en el ortodoxo Israel de los sesenta: sexo y violencia pertenecían al mismo campo cultural de los recuerdos reprimidos, ocultos y por tanto, en plena ebullición hormonal, fácilmente confundibles.

Al horror original se unía el espanto que producía semejante subproducto cultural.



Sin embargo, aunque los Stalags se prohibieron, se persiguieron y se intentó acabar con ellos, su huella permanece en la literatura oficial del Holocausto. La novela Casa de muñecas del escritor K.Tzernik, traducida a varios idiomas, incluído el español (Ediciones la llave, 2000), relata en clave de novela pornográfica las vivencias de una serie de mujeres judías forzadas a prostituirse para los oficiales alemanes en Auschwitz-Birkenau. Sin negar la realidad de los abusos sexuales del fascismo a los y las prisioneras, sin embargo, hay que señalar, como hace este documental, el legado perverso que deja este texto, que siendo esencialmente una ficción, se sigue leyendo como un testimonio real en todos los institutos de secundaria de Israel y como parte del canon de la literatura de la Shoah. No diferenciar entre literatura de ficción -pornográfica además- y literatura testimonial genera lecturas perversas -en un doble sentido, distorsionado e inmoral-.






Como en este caso, esta novela hay que entenderlo perteneciente al mismo fenómeno socio-cultural de los Stalags. Siendo horrible la violación y todo tipo de tortura sexual, que existieron, por supuesto, en los campos, equiparar esta novela morbosa con el resto del horror -la muerte industrializada, las cámaras de gas, las condiciones de todo el campo, puede llegar a suponer una cierta frivolidad relativa y una simplificación intolerable. Esta ficción pornográfica es una proyección de los deseos, miedos y traumas asociados a las relaciones de poder entre naciones, clases, géneros y orientaciones sexuales. Conocer esta serie de traumas y complejos colectivos da una clave de interpretación de la política de Israel con respecto a los palestinos en los guettos de Gaza y Cisjordania. La lógica sado-masoquista se encuentra en la distancia y los años que separan la Varsovia ocupada por los alemanes y la Palestina ocupada por los hebreos, el victimismo árabe frente al victimismo judío, frente a frente, en un bucle de abismos. Experiencia y fantasmas proyectados en la ficción de un Estado parcialmente creado como compensación sionista al Holocausto. Un horror justificando otro, en una espiral de deseo y violencia, de victimismo pasivo-agresivo.






Si la academia o el Estado de Israel cae en esta trampa de la ficción, no cabe extrañeza en que ocurran cosas parecidas entre gentes de moral más laxa o complejos parecidos. En esta época en la que el porno se convierte en cultura pop, se corre el riesgo de volver a deslizarse de nuevo por la pendiente de la banalización de la representación del mal. Sin ir más lejos, la banda de post-punk Joy Division tomó el nombre del grupo del nombre del barracón de prisioneras de la novela de K.Tzernik y existe todo un subgénero pornográfico sado-masoquista relacionado con los nazis -en comics, literatura, cine- con el marbete de Nazi Exploitation. Para aquellos que quieran saber más, la referencia más documentada es Withechapel, Simon, Kamp Kulture: A History of Nazi Exploitation, Creation Books, 2003.








Ficción Stalag


Con el nombre de Stalags o Ficción Stalag (en inglés Stalag fiction) se conoce comúnmente a un tipo de Folletines pertenecientes al subgénero de la literatura pornográfica con una temática relacionada con el Holocausto y la explotación de los prisioneros en los campos de concentración por parte de los nazis. Este fenómeno floreció en Israeldurante la década de 1960, alcanzando una difusión masiva coincidiendo con el proceso contra Adolf Eichmann. En la actualidad los Stalags ya no se publican, si bien muchas ediciones han sobrevivido porque han estado circulando de manera clandestina entre particulares hasta nuestros días.

Características

Los autores de este tipo de novelas pretendían ser todos de origen estadounidense, firmaban sus obras con seudónimos y éstas aparecían en Israel como supuestas traducciones de las originales en inglés. En realidad los escritores eran todos israelíes y figuraban como los traductores de las versiones que se publicaban en el país, pues preferían mantener el anonimato. A pesar de ello en la actualidad se conocen algunos nombres, como el poeta de origen alemán Maxim Gilan o Eli Keidar, el iniciador del género junto al editor Ezra Narkis. Keidar firmaba sus obras con el sobrenombre de Mike Baden.1
El formato de las historias seguía normalmente el mismo esquema. Un grupo de soldados o pilotos estadounidenses de la Segunda Guerra Mundial es capturado por las fuerzas alemanas y enviado a un campo de prisioneros o Stalag, de donde proviene el nombre de este subgénero literario. Allí los prisioneros son torturados y utilizados sexualmente por las guardianas del campo, mujeres oficiales de las SS, si bien al final el rol ama-esclavo termina invirtiéndose y los cautivos toman venganza contra sus verdugos femeninas, por lo general violándolas y asesinándolas. Estos relatos eran pura fantasía y carecían del más mínimo rigor histórico, los lectores se sentían atraídos únicamente por los pasajes pornográficos, a menudo acompañados de ilustraciones a color donde el contenido sexual no era tan explícito, en los que se relataban actos de violencia sexual ysadomasoquismo.
Originalmente los protagonistas de los Stalags eran todos norteamericanos, pues incluir judíos en las historias se consideraba tabú. Sin embargo conforme el fenómeno fue ganando adeptos esta regla dejó de respetarse y se popularizaron relatos más sórdidos y con una mayor carga de sadismo. Ejemplos de ello son El monstruo del Stalag del horror, donde incluso se recurre al canibalismo y el incesto, o Yo fui la puta privada del coronel Schultz, donde la estructura habitual variaba y oficiales nazis masculinos torturaban y abusaban de prisioneras judías.

Historia

El subgénero surge de la cultura de silencio en relación al Holocausto que existía en Israel durante la década posterior a su fundación como estado. Muchos jóvenes viven bajo la sombra de este suceso, pero no encuentran las respuestas que buscan ni en sus padres ni en sus profesores. Por aquel entonces éstas solo podían encontrarse en obras como La casa de las muñecas de K. Tzetnik (1955), en realidad el antecedente temático de los Stalags. El proceso contra Eichmann (1960-1961), se tradujo en una mayor sensibilización hacía todo lo relacionado con las víctimas del nazismo, pues por vez primera jóvenes y adolescentes podían conocer sus testimonios de primera mano gracias a un buen número de detalladas descripciones.
De repente todo lo relacionado con el Holocausto cobró gran relevancia y, para explotar esta tendencia, editores como Narkis comienzan a lanzar sus folletines pornográficos, que se venden en los kioscos a precios muy asequibles. Rápidamente alcanzan gran popularidad y se convierten en un fenómeno social, tanto es así que, en palabras del cineasta Ari Libsker, “las primeras imágenes del Holocausto que vi, como alguien que creció durante aquella época, fueron de mujeres desnudas” . La explicación se encuentra en la fusión de dos factores, la cuestión de la identidad y el pasado de violencia y humillación sufrido, sumado al despertar sexual de muchos adolescentes consumidores habituales de este tipo de literatura.
No obstante el fenómeno de los Stalags como publicaciones de éxito fue breve. Tan solo dos años después de que comenzaran a distribuirse los editores fueron acusados por un tribunal israelí de difundir pornografía y se ordenó intervenir todos los libros. El propio Eli Keidar, autor de los relatos más populares, fue detenido en el proceso que siguió a continuación. Los Stalags dejaron de publicarse pero, a pesar del esfuerzo de las autoridades por buscar y destruir hasta el último de los números, siguieron vendiéndose e intercambiándose de forma clandestina hasta fechas recientes.



Todo y que poco a poco fue cayendo en el olvido, el subgénero de los Stalags está considerado como uno de los fenómenos más relevantes de la cultura popular israelí. No obstante puede englobarse en un marco más amplio, el de la llamada ficción de explotación (en inglés Exploitation fiction). En la década de 1970 surgió dentro del cine una corriente inspirada en estos folletines conocida como Nazi exploitation, en la que destacan películas como Ilsa, She Wolf of the SS (1975) o Salón Kitty (1976), en las que se mezclan los mismos componentes de sexo, violencia y sadismo con el nazismo como telón de fondo. Por su parte cintas eróticas no tan explícitas como El portero de noche(1974), de Liliana Cavani, también abordan esta temática.
En 2007 se estrenó un documental titulado Stalags: Holocaust and Pornography (Stalags: pornografía y Holocausto),del joven cineasta israelí Ari Libsker, que se centra en este fenómeno y lo ha vuelto a poner de nuevo en el debate público.